Diego Moñux Chércoles, socio de Science & Innovation Link Office y miembro del Consejo Asesor nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación
¿Es la Unión Europea una potencia farmacéutica? Sin duda. La industria farmacéutica europea es líder global en ventas ¿Lo seguirá siendo en el futuro?, ¿lideramos los desarrollos más innovadores en los que se juega el futuro? No lo parece. De los diez medicamentos biológicos más vendidos en Europa en el año 2022 solo dos fueron comercializados por empresas de la UE, mientras que seis fueron comercializados por empresas de EE.UU. Y perdemos peso, poco a poco, en el mercado de terapias avanzadas como los CAR-T o la terapia génica.
El origen de esta situación es el menor gasto en investigación e innovación en este sector. La inversión pública en I+D es menos de la mitad que en EE. UU. y, si consideramos la inversión privada, es solo una cuarta parte. La situación se complica al abrir la mirada al terreno digital: la dependencia europea en este ámbito puede ralentizar el liderazgo de nuestra industria, incluyendo la de salud, en la adopción de soluciones digitales. Las cifras son claras: la UE depende de terceros países para más del 80% de productos digitales, servicios, infraestructura y propiedad intelectual; el 61% del capital riesgo digital se concentra en startups estadounidenses, mientras que el 17% va a empresas chinas y solo el 6% a empresas de la UE.
Todos estos datos provienen del informe que está marcado el debate europeo y los planteamientos políticos para el mandato europeo 2024-2028: The future of European competitiveness, presentado por Mario Draghi la presidenta de la Comisión von der Leyen en septiembre de 2024. Un informe que, de alguna forma, complementa otro que también ha removido conciencias: Much more than a market, presentado por Enrico Letta al Consejo Europeo en abril del mismo año. Desde un enfoque diferente ―el del mercado interior en Letta y el de la competitividad en Draghi― ambos quieren situar la innovación en el corazón de la agenda europea. Ambos comparten diagnóstico sobre el gap de la UE con EE.UU. ―y en parte con China―, poniendo foco sobre las dificultades para crear y escalar empresas en tecnologías disruptivas en el mercado europeo. Y ambos señalan al sector de la salud como prioritario en este sentido. Reconforta encontrar en ellos análisis detallados sobre aspectos muy concretos, como las barreras al crecimiento de nuestras startups biotecnológicas (por la falta de un mercado de capitales especializado en tecnología – Letta) o la falta de masa crítica en el apoyo focalizado a la I+D biomédica (pro la fragmentación de las ayudas – Draghi).
Conocido el diagnóstico, ¿cabe esperar soluciones? La respuesta es que sí. O al menos así parece derivarse de la lectura del programa político de la presidenta de la Comisión ―las Orientaciones políticas para la próxima Comisión en las que fija su agenda― y de las cartas de misión que ha emitido para sus comisarios designados, que en el momento de escritura de este insight ―noviembre de 2024― pasan el proceso de ratificación en el Parlamento Europeo.
A continuación se hace un breve repaso de estos compromisos, revisando las misiones de los principales miembros del futuro colegio de comisarios:
- La española Teresa Ribera (Vice-President of a Clean, Just and Competitive Transition) deberá impulsar una reforma del marco de ayudas de Estado que, entre otras cosas, facilite la puesta en marcha de los Proyectos Importantes de Interés Común Europeo (IPCEI, por sus siglas en inglés). La idea es que los IPCEI movilicen coordinadamente fondos de los estados miembros en tecnologías disruptivas ―como hidrógeno, microelectrónica o nuevas terapias, por citar algunos ya en marcha―. De acuerdo a los participantes, el proceso de los IPCEI lanzados hasta el momento, incluido el de salud, ha sido lento y complejo, por lo que las expectativas son altas.
- El francés Stéphane Séjourné (Vice-President for Prosperity and Industrial Strategy) liderará la puesta en marcha de nuevos IPCEI y la propuesta de reforma de las directivas de contratación, asegurando que el nuevo marco fomente la autonomía estratégica de productos y tecnologías clave, al tiempo que garantiza una “preferencia por productos europeos en la contratación pública dentro de determinados sectores y tecnologías”. Liderará también la creación del Fondo Europeo de Competitividad de cara a las perspectivas financieras 2028-2033, centrado en tecnologías estratégicas, y que podría apoyar los IPCEI con presupuesto comunitario, algo que no ocurre ahora.
- La búlgara Ekaterina Zaharieva (Commissioner for Research and Innovation), expandirá las actividades del Consejo Europeo de Innovación (el EIC) hacia proyectos más disruptivos «especially on strategic fields», impulsará una nueva ley europea de innovación que facilite el acceso de las start-ups/scale ups al capital y a espacios de experimentación. Liderará la estrategia europea de ciencias de la vida, contribuyendo a la ley europea de biotecnología, para facilitar la transición de la biotecnología del laboratorio al mercado.
- El hungaro Olivér Várhelyi (Commissioner for Health and Animal Welfare) liderará las nuevas leyes de biotecnología ―abordando, entre otros temas, los ensayos clínicos y la evaluación de tecnologías― y de la medicamentos críticos, dirigida a reducir las dependencias de la UE en este terreno, continuando el camino de la Ley materias primas fundamentales. Tratará también de cerrar el acuerdo en torno al paquete de legislación farmacéutica, que viene del anterior mandato y que busca, no sin controversia, “medicamentos asequibles, accesibles e innovadores”.
Hablamos por tanto de un ambicioso programa que, en muchos casos, implica reformas profundas que requieren el concurso de la Comisión, El Consejo y el Parlamento. El ímpetu de la Comisión será importante, pero no decisivo. En todo caso, comenzamos un periodo de alta intensidad en materia de innovación y, en particular, de innovación en salud, que conviene seguir muy de cerca.
