Iñaki Gutiérrez Ibarluzea, Director de Investigación, Innovación y Evaluación Sanitarias. Departamento de Salud. Gobierno Vasco.
Hay un chiste relativo a los vascos que define mucho nuestro carácter y es “A setas o a Rolex”. En este caso coloca a dos amigos, vascos por supuesto, que van al monte a por setas y después de varias horas de búsqueda infructuosa, uno de ellos se encuentra un reloj Rolex y le interpela al otro, explicando su hallazgo. El otro absolutamente impávido le contesta: vamos a ver, ¿A qué hemos venido a setas o a Rolex? A lo que el primero le contesta “a setas” y el otro con una expresión muy vasca le dice: “pues eso”.
La referencialidad a la anécdota o chiste anterior la coloco como un paradigma a tener en cuenta para enfrentarnos a la tan manida palabra innovación en salud y la falta de consideración del contexto en muchos casos. No hace muchos años, escribía una editorial, en este caso interpelando a una película de los hermanos Marx, concretamente, Los hermanos Marx en el Oeste y que, en inglés, en un tramo de la película dicen: ¡Timber! Dicha expresión la utilizaban los leñadores norteamericanos cuando iba a caer un árbol tras talarlo a golpes de hacha, lo que aquí podríamos decir: ¡Árbol va! Sin embargo, la traducción al castellano en el doblaje, podíamos decir que fue, por una vez, más acertada, ya que se colocó la exclamación ¡Más madera! Mientras, los hermanos Marx destrozaban literalmente los vagones del tren para alimentar la caldera de ese tren para mantener la marcha, una vez el carbón se había agotado. Si bien, la editorial hacía referencia a la necesidad de pensar en el ciclo de vida tecnológico y tomar decisiones sobre obsolescencia y falta de valor, para permitir la gestión más adecuada del presupuesto sanitario y permitir la entrada de nueva tecnología, esta misma expresión podría enmarcar el problema de los sistemas sanitarios en el acceso a la “innovación”.
Suelo contar que los sistemas de salud no hacen la lista de la compra, ni son conscientes, al menos no muchos, de las recetas que aplican a sus problemas o necesidades, centrándose en la oferta y poniendo poco o nulo foco en la demanda y sus dinámicas. Ciertamente hay sistemas que traccionan sobre la tecnología, no siempre sobre “innovación”, porque eso alimenta su maquinaria productiva y algunas veces, incluso, generan “innovación” que resuelve algunas de sus necesidades (en este caso matan dos pájaros de un tiro). Mientras, otros países que no son productores de tecnología emplean las mismas recetas, bien asesorados erróneamente por tendencias que no les son de utilidad o por la presión directa de los productores que influencian a la sociedad y sus distintos grupos de interés. Muchas veces sin pensar qué les conviene y cuándo. Es cierto, que no todo es tan simple, pero sobre la misma base explica muchos de los problemas que actualmente acontecen en los sistemas de salud.
En el caso de nuestro sistema de salud, muchas consideraciones previas deberían sustentar la reflexión. Por un lado, somos un país no productor, o al menos con un tejido industrial en salud de capacidades medias y que ciertamente debiera concentrarse en posiciones de alto valor añadido. Por otro lado, el sistema nacional de salud apostó por una aproximación integral e integrada con una provisión de servicios eminentemente pública que pivotaba sobre la atención primaria y que ciertamente se ha mostrado eficiente. Esto choca con comparativas en varios frentes, por un lado, la aplicación de ratios trasnochados y poco “innovadores” de camas, profesionales e infraestructuras emanados de otros entornos hospital-centristas o con provisión privada, que nada tienen que ver con la realidad de nuestro sistema de salud; por el otro lado, nos flagelamos con nuestro ratios de emprendimiento e innovación, sin juzgar que eso no está dentro de lo que exigimos al proveedor y cómo le juzgamos y; finalmente, se nos analiza con una vara de medir que a todas luces es, cuando menos, sesgada en nuestra introducción de innovación (adoptadores tardíos), cuando como refería anteriormente no somos mantenedores de tejido productivo propio. Todo tiene una explicación. Cabe hacer además una puntualización que me comunican que se discutió en el reciente Mobile World Congress de Barcelona, y que indicaba que no podemos llamar innovación si no hay adopción. Añadiría más, aunque haya adopción, sigue sin poderse llamar innovación si no hay valor comparado o añadido. Lo nuevo, per se, no es innovador y si no se adopta y demuestra valor, seguirá siendo sólo nuevo.
Las estrategias de especialización inteligente ya definieron que las regiones y los países deberían establecer si “a setas o a Rolex” y eso es de aplicación indubitablemente a la innovación y los procesos asociados a la misma. Sin embargo, dicha reflexión debería estar íntimamente relacionada con un análisis preciso de necesidades y capacidades y una proyección de objetivos en la tres Ns de planificación estratégica: Now, New y Next. El qué ahora, cómo de nuevo y hacia dónde a futuro.
Por tanto, analicemos nuestras necesidades y la demanda y sus dinámicas, conozcamos nuestro sistema y sus capacidades y preparemos la lista de la compra, para que al ir al mercado consigamos los ingredientes que componen la receta que mejor se adapta al conjunto. Mientras tanto, procuremos no auto-asfixiarnos con reglas, premisas o tendencias que no concuerdan con nuestra realidad y necesidades. Siguiendo la película de los hermanos Marx y utilizando una expresión muy castellana, intentemos “no echar más leña al fuego” justificando que la máquina no puede parar.
